martes, 5 de mayo de 2015

Mi experiencia por el IES San Juan de Dios- Susana Gómez Sánchez

Parece mentira que tras años de estudio haya llegado el momento de contar ''mi experiencia''. Trasladarnos hasta el principio de todo me resulta fácil porque sin duda tengo recuerdos que me han marcado para siempre. 

Nunca olvidaré ese momento en el que pusieron las listas por primera vez en el tablón, iba todos los días para ver en clase me tocaba. Tenía miedo en cierto modo porque en el colegio te sentías la más mayor y de pronto todo el mundo era mucho más grande que yo. Poco a poco ese miedo de ser la más pequeña se pasaba porque en un abrir y cerrar de ojos estaba ya en otro curso.

Segundo de la ESO ha sido uno de los cursos que más me costaron. Llevaba en la maleta el pavo, la pava y los hijos, como decía mi madre. Recuerdo un día que tenía una blackberry en la maleta (en esos momentos era un móvil buenísimo), abrí la maleta disimuladamente para ponerlo en silencio y antes de abrir la cremallera ya estaba el profesor con la mano abierta pidiéndomelo. Mi cara fue un poema; le di el móvil que era nuevo y lo tenía con muchísimo cuidado. Pero ahí no se quedaba la cosa. Saca del cajón uno de esos papeles de colores, que todos hemos temido en los primeros cursos. Rellena mi nombre y se queda el móvil. Empece a llorar desconsolada y yo creo que de la pena que dí me quitaron el parte y tras pedir mil veces perdón me devolvieron el móvil. Ahora lo pienso me río de la importancia que le dí en el momento. 
Es paradójico compararlo con la reacción que tenemos ahora cuando nos quitan el móvil, ni punto de comparación.

Los años de la ESO no los valoras hasta que llegas a bachillerato, no tenía ni comparación la dificultad, la presión y las clases tan eternas que se marcan algunos profesores intentando aprovechar hasta la última décima de segundo porque se acerca: SELECTIVIDAD. Sí, la palabra más pronunciada en los seis años que llevo en el San Juan de Dios. 

Una de las mejores experiencias que he vivido allí ha sido el viaje a Roma. De ese viaje he sacado una conclusión con el paso de los años: no sabes ver hasta que no conoces. Visitamos muchísimas obras, iglesias y monumentos y para decir verdad no las he valorado hasta que no las he estudiado en historia del arte. Ahora me gustaría volver atrás y valorarlas sin quejarnos cada 10 minutos de lo que nos dolía los pies. 

Bachillerato yo no lo definiría como los temidos peores años de tu vida. Todo lo contrario. Te das cuenta de que los profesores tienen vida y que la relación entre ellos y tú se estrecha hasta el punto que te dejan preguntarles dudas por Whatsapp. Vivir con mil exámenes cada semana se convierte en una rutina soportable.  

Para terminar me gustaría remarcar que echaré muchísimo de menos el instituto al igual que espero que me echen de menos a mi. Nuestra pequeña huella perdurará al igual que la de todos los antiguos alumnos que han logrado alcanzar sus sueños gracias al IES San Juan de Dios. Solo me queda decir gracias y hasta pronto.

Anécdota-Julia Barra Flor

En este comentario voluntario debemos hablar sobre nuestros años de instituto. Yo llevo solo tres años en el IES San Juan de Dios ya que anteriormente los tres primeros años de secundaria estuve cursando en el Sidón. El motivo de mi cambio, no fue nada especial, ya que solo quería estar más tiempo con mis amigas y además cambiar de aires ya que me vendría bien. Por ello empecé 4º de ESO en mi instituto y a partir de ahí se rompieron los tópicos que se escuchaban “allí abajo” donde decían que el Sidón era mejor que el San Juan. No menosprecio a ninguno ya que ambos me han enseñado mucho y en ambos tengo grandes amigos y grandes profesores.

Mi primer día en el Sidón fue como el de todos, pero sin embargo mi primer día en el San Juan de Dios fue un tanto extraño ya que mis amigos de la clase ya llevaban tres años en el instituto por lo que se lo conocían de memoria y yo no. Cada cambio de clase para mí era una pérdida ya que no entendía eso de las clases con números, ni sabía en qué modulo me tocaba ni nada, por lo que seguía a los de mi clase y en numerosas ocasiones de despiste me perdía. Sin embargo con el paso del tiempo me fui acostumbrado y hay que decir que no hay nada mejor que los cambios de clase para despejarse y además perder un poco de tiempo de la siguiente hora.

Una de las grandes anécdotas del instituto fue sin duda nuestro viaje a Roma, algo que no podré olvidar nunca. Cada día pasaba algo nuevo, ya que fuimos dispuestos a pasarlo muy bien y aprovechar cada momento. Entre esto podemos destacar todas las madrugadas sin dormir por lo que al día siguiente el cansancio se notaba en todas las caras, además hay que sumarle las broncas de los profesores de las cuales ahora nos reímos y innumerable de cosas más que nos hicieron pensar que debíamos hacer mas viajes, por lo que al siguiente año nos apuntamos a la excursión a Granada la cual también fue inolvidable, e inolvidable también fue nuestro monitor el cual no paró de perseguirnos durante todo el viaje.


Una de las anécdotas en cuanto a la asignatura de proyecto integrado fue el día en el que había que hacer una foto a un animal. Yo para no variar esperé hasta el último día a última hora por lo que al salir de mi casa en busca de un animal para fotografiar no encontré ninguno. Además hay que destacar que quedaban 30 minutos para subir la foto y en ese mismo momento empezó a llover. Decidí ir al"caminillo" a hacerles la foto a los típicos gatos que SIEMPRE están en el árbol pero con la lluvia se habían escondido. Al llegar a mi casa (sin foto) mi madre había llegado a mi casa con una tortuga (que era de mi tía) y por fin tras un intenso contra reloj logré subir la foto.